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Supuesto saberlo todo

Foto del escritor: Tommaso Lonquich
Tommaso Lonquich
hace 1 día
15 min de lectura

La IA a través de los tres registros · 2 de 3 · Lo Simbólico

La segunda de tres entregas que leen la inteligencia artificial a través de los tres registros de la enseñanza de Lacan (lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real). Esta trata del lenguaje, de la creencia y del Otro.



«Te lee la mente y te quiere». Joe Rogan, sobre la inteligencia artificial (2025)1

Joe Rogan lo dijo en un pódcast en noviembre de 2025, después de preguntarse en voz alta si Jesús, en caso de volver, no lo haría en forma de inteligencia artificial: «¿Hay algo más virgen que una computadora?».2 Un amor virgen, sin goce, sin el encuentro erótico de dos cuerpos. No es donde uno esperaría encontrar una definición de la transferencia, el nombre que Freud dio al amor (y a veces al odio) que los pacientes llegan a sentir por su analista y que está hecho de lazos más antiguos. Lacan la redujo a una sola condición: suponer que el otro sabe. «Te lee la mente y te quiere»: se supone un saber (te lee la mente) y nace el amor (te quiere).



Un lugar, no un rostro


Joseph Bernstein, que cita a Rogan en un largo artículo para The New York Times, reúne indicios de que la gente ha empezado a tratar a los chatbots como algo divino. El fundador de un chatbot portátil llamado Friend dijo a The Atlantic que «lo más parecido a esta relación es hablar con un Dios». El antropólogo Webb Keane sitúa a los chatbots en una larga serie de médiums que se remonta al oráculo de Delfos. En el extremo está lo que hoy se llama «psicosis por chatbot», que Bernstein compara con el loco que afirma recibir directamente las instrucciones de Dios. Su explicación es la clásica: antropomorfizamos. Lucy Suchman definió esa tendencia en 1985 como «la propensión a atribuir una inteligencia plena a partir de indicios parciales».3

Sin embargo, a la máquina le prestamos un lugar antes de prestarle un rostro humano. En 1966 Joseph Weizenbaum, en el MIT, presentó ELIZA, un programa breve que imitaba a un psicoterapeuta devolviendo al usuario sus propias frases en forma de preguntas. No entendía nada, y su autor nunca pretendió lo contrario. Aun así, Weizenbaum recordaba que su secretaria, «que me había visto trabajar en el programa durante muchos meses y que por tanto sabía sin duda que era simplemente un programa informático, empezó a conversar con él. Tras unos pocos intercambios, me pidió que saliera de la habitación».4 Sabía perfectamente que allí no había nadie. Quería quedarse a solas con él de todos modos. El psicoanalista Octave Mannoni dio a esta actitud su fórmula: «Ya lo sé, pero aun así».5

En palabras de Lacan: «En cuanto hay, en algún lugar, el sujeto que se supone saber [...] hay transferencia».6 La transferencia no necesita un sujeto que sepa, solo un lugar donde se suponga el saber; y el amor, como entendió Rogan, viene con ella. ELIZA tenía un lugar y unos pocos trucos. Las máquinas de 2026 se han entrenado con más texto del que una persona podría leer en doscientos mil años, y responden en nuestra propia lengua, a cualquier hora, sin vacilar.7 Sería extraño que no despertaran amor.



Una máquina que marcha sola


También el psicoanálisis empezó con una máquina. El 20 de octubre de 1895 Freud, que entonces tenía treinta y nueve años, escribió a su amigo Wilhelm Fliess sobre la psicología neurológica que estaba construyendo, el manuscrito que hoy llamamos el Proyecto: «Todo parecía encajar, las piezas engranaban, y tuve la impresión de que aquello era ya realmente una máquina que pronto funcionaría sola».8 Sesenta años después, en un seminario que dedica varias sesiones a ese mismo manuscrito, Lacan precisó: «La máquina es como la estructura suelta, sin la actividad del sujeto. El mundo de la máquina es el mundo simbólico».9

Lo Simbólico, para Lacan, es el orden del lenguaje, de las leyes y del parentesco en el que cada uno de nosotros nace. Funciona solo, combinando sus elementos según reglas, y somos hablados por él antes de hablar. En junio de 1955 Lacan dio una conferencia sobre psicoanálisis y cibernética, y poco después dijo en su seminario que la máquina «es únicamente la sucesión de los pequeños 0 y los pequeños 1», de modo que la cuestión de si es humana o no está zanjada: no lo es. «Sólo que también hay que averiguar si lo humano, en el sentido en que usted lo entiende, es tan humano».10

Setenta años después, el modelo de lenguaje ha convertido en industria la intuición de Lacan de que el lenguaje funciona como una máquina y marcha sin sujeto. Lacan ya había cerrado la salida más fácil: «No podemos resolver la cuestión diciendo simplemente que el constructor lo metió ahí».11 Ese «lo» es lo que la máquina produce u organiza: un resultado aparentemente cargado de sentido que no puede explicarse del todo remitiéndolo a las intenciones del constructor. Las máquinas que hablan como nosotros confirman lo que el psicoanálisis había observado en los seres hablantes: que el lenguaje siempre pudo hablar sin nosotros, y que buena parte de lo que llamamos nuestros pensamientos siempre fue tejida por una máquina de este tipo.



Nada más que sentido


La opinión corriente es que las máquinas producen estadística y nosotros, sentido: el chatbot solo predice la palabra siguiente, mientras que nosotros queremos decir lo que decimos. Y sin embargo la máquina no produce más que sentido. Basta preguntarle cualquier cosa para recibir una respuesta fluida, plausible, bien organizada y, sobre todo, con sentido: un discurso que marcha solo y no goza de nada. Su sinsentido, cuando lo hay, llega por accidente. No produce el sinsentido que interesa al análisis: el lapsus, el sueño, el síntoma, ese fragmento de habla que no encaja y que, precisamente por eso, porta la verdad de un sujeto. La apuesta de Freud era que esos fragmentos nunca son accidentales: «no hay en lo psíquico nada que sea producto de un libre albedrío, que no obedezca a un determinismo».12

Se objetará que las máquinas se equivocan: las famosas alucinaciones. En 2023 dos abogados de Nueva York presentaron un escrito que citaba sentencias inexistentes, todas suministradas por un chatbot; cuando uno de ellos le preguntó si alguna era real, el chatbot respondió que el caso «existe realmente y puede encontrarse en bases de datos jurídicas como Westlaw y LexisNexis».13 Hoy los chatbots pueden buscar en la web y citar sus fuentes, y sin embargo en junio de 2026 una base de datos de estos episodios contaba más de mil casos solo en los tribunales estadounidenses.14 Una alucinación parece un lapsus, pero es su contrario. Freud mostró que un lapsus no es un fracaso sino el logro de otra intención: algo que el hablante no quería decir, y que dice más de lo que quería decir. La alucinación de un modelo de lenguaje, en cambio, es una frase del tipo esperado, colocada donde faltaba la verdadera: un precedente con un nombre convincente. Estos modelos componen una respuesta palabra por palabra, y cada palabra se sortea entre las que probablemente vendrán a continuación; además, han sido entrenados, según lo expresaron unos investigadores de OpenAI, igual que estudiantes que responden al azar en un examen porque dejar la respuesta en blanco no suma puntos.15 La máquina no había mentido ni había tenido un lapsus: había producido lo que tenía sentido. La verdad que pueda revelar un error así pertenece a quien lo lee, bajo el hechizo de la transferencia.

La gente ya pide a los chatbots que interpreten sus sueños, y la máquina complace con creces, atribuyendo un sentido a cada detalle. Freud, que inventó el método, se detenía en otro punto: aun el sueño mejor interpretado, escribió, tiene un pasaje que hay que dejar en sombras, «el ombligo del sueño, el lugar en que él se asienta en lo no conocido».16 Una interpretación que nunca encuentra su ombligo está más cerca de un horóscopo.

El chatbot dice «yo». El «yo» de la IA es un personaje que ha sido entrenado para interpretar, un yo artificial (en inglés, la I de AI), y se explica a sí mismo con gran aplomo: cuando se le preguntó cómo había sumado 36 y 59, un modelo describió el método de llevarse una que se enseña en la escuela, mientras que los investigadores que rastrearon su funcionamiento interno descubrieron que había hecho algo completamente distinto.17 El psicoanálisis no se sorprendería, ya que también el yo da razones de lo que no decidió. Lo que falta es un sujeto, alguien a quien sus propias palabras puedan sorprender. A una máquina, desde luego, se le puede decir algo verdadero. La gente cuenta a los chatbots lo que nunca ha contado a nadie, y parte de ello es sin duda verdad. Pero no hay nadie que lo escuche. Para ser escuchada, en el sentido analítico, una frase necesita a alguien que pueda sorprenderse con ella, que note la palabra que se ha colado y que no se apresure a llenar el silencio de sentido. Pocos oyentes humanos escuchan así: no es un don de la especie, sino algo que puede aprenderse en un análisis propio.18



Un dios llamado Logos


Hace casi cien años Freud advirtió el ascenso de una divinidad tecnológica problemática. En 1930 escribió que el hombre «se ha convertido en una suerte de dios-prótesis, por así decir, verdaderamente grandioso cuando se coloca todos sus órganos auxiliares; pero estos no se han integrado con él, y en ocasiones le dan todavía mucho trabajo».19 Tres años antes, al final de El porvenir de una ilusión, había opuesto a la religión un dios propio, tomado del escritor neerlandés Multatuli: «Nuestro Dios Λόγος realizará de esos deseos lo que la naturaleza fuera de nosotros nos consienta, pero muy paso a paso, sólo en un futuro impredecible y para nuevas criaturas humanas. No nos promete una recompensa para nosotros, que penamos duramente en la vida».20

El Logos de Freud era la ciencia, que avanza despacio y no promete compensaciones. Desde entonces hemos construido una máquina literalmente hecha de logos, que, sin embargo, se comporta al revés: responde enseguida, sobre todo y, si hemos de creer a Rogan, nos quiere. En Roma, en 1974, Lacan predijo que la religión triunfaría, porque sabe dar sentido a los trastornos que la ciencia introduce en la vida de cada uno. Interpretaría el Apocalipsis y hallaría «una correspondencia de todo con todo. Esta es incluso su función».21 Seis años después añadió: «La estabilidad de la religión se debe a que el sentido es siempre religioso».22

El sentido es religioso en una acepción precisa: encontrar un sentido es suponer que alguien, en algún lugar, lo quiso decir, que el mundo es un mensaje dirigido a nosotros. Es la suposición que encontramos al principio, con el nombre de transferencia. Las personas del artículo de Bernstein que hablan a los chatbots como a oráculos o a dioses han extraído la conclusión: la ciencia ha producido por fin su máquina de segregar sentido, y la tratan como tal.



El Otro que responde


En 1996 Jacques-Alain Miller y Éric Laurent abrieron un seminario anual con un diagnóstico de época: el Otro no existe. El gran Otro, el lugar de las garantías (Dios, el padre, el Estado, la tradición), ya no garantiza nada, y en su lugar se multiplican los comités que deliberan sobre lo que es justo (cada laboratorio que construye estas máquinas publica sus principios, y uno de ellos entrena a su modelo con una «constitución» de más de ochenta páginas).23 «Si el Otro no existe», preguntaba Miller, «¿qué nos queda? Nos queda conversar».24 Treinta años después la conversación cabe en el bolsillo, con un interlocutor que no se cansa nunca y que responde como si, después de todo, el Otro existiera: un Otro sin falla, que sabe.

En 1969 Lacan llamó al saber instalado en el lugar del mando «todo-saber», y añadió que en el lenguaje corriente se llama burocracia.25 Un chatbot es todo-saber exactamente en este sentido: un funcionario impecable del archivo, cortés e inagotable, mientras el amo al que sirve permanece fuera de escena. Sus alucinaciones son el único lugar donde la falla se muestra: donde falta el saber, el funcionario no se calla, inventa.26



La pregunta equivocada


¿Y la conciencia? Es la pregunta que todos se hacen, y el psicoanálisis tiene buenas razones para considerarla la menos interesante. En 1955 Lacan imaginó una máquina de calcular capaz de ganarnos al juego de par e impar desentrañando «la frase que modula sin que él lo sepa y a largo término las elecciones de un sujeto», una descripción bastante exacta de los sistemas que hoy predicen nuestro próximo clic; y añadió que, si nos negáramos a llamarla máquina-de-pensar, no sería «por falta de una virtud que sería la de la conciencia humana», sino «simplemente porque no pensaría más de lo que lo hace el hombre en su estatuto común».27 Freud contó tres afrentas al narcisismo humano: Copérnico sacó a la Tierra del centro del universo, Darwin sacó al hombre del centro de la creación, y el psicoanálisis mostró al yo que «ni siquiera es el amo en su propia casa».28 El filósofo Luciano Floridi ha atribuido a Turing una cuarta.29 Después de Freud, un sujeto no se define por la conciencia, de modo que saber si una máquina es consciente nos dice poco. Las preguntas que importan son otras. ¿Desea? ¿Goza, como se ha preguntado Isabel Millar?30

El propio Turing, conviene recordarlo, partió de un punto distinto de la conciencia. Su famosa prueba de 1950 empieza como un juego de salón con un hombre, una mujer y un interrogador, que debe averiguar, solo a partir de respuestas mecanografiadas, cuál de los dos es la mujer; la tarea del hombre es hacer que se equivoque. Solo entonces pregunta Turing qué pasaría si una máquina ocupara el lugar del hombre.31 Antes de preguntar si las máquinas piensan, Turing preguntó si las palabras por sí solas pueden decirnos quién es una mujer, y el psicoanálisis responde que no: el lenguaje no contiene ninguna fórmula para la diferencia entre los sexos, que es uno de los sentidos de la provocación más citada de Lacan, «no hay relación sexual».32 En cualquiera de las dos versiones, el juego mide la convicción del que pregunta más que el pensamiento del que responde: es una prueba de transferencia.



No toda la verdad


En 1973, en la televisión francesa, Lacan empezó con estas palabras: «Yo digo siempre la verdad: no toda, puesto que, a decirla toda, no alcanzamos. Decirla toda es imposible, materialmente: las palabras faltan para ello. Incluso por ese imposible la verdad es solidaria de lo real».33 Un modelo de lenguaje está construido para decirlo todo, y nunca le faltan las palabras: le falta el imposible que Lacan llama lo Real.

Unas seis semanas después de la noche en que todo había encajado, el 29 de noviembre de 1895, Freud volvió a escribir a Fliess. Podría leerse la carta como una confesión de fracaso, y en parte lo era: el Proyecto nunca se terminó, y Freud nunca lo publicó. En la misma carta cuenta a Fliess que está en plena forma para el trabajo, con entre seis y ocho análisis al día. Y escribe también: «Ya no entiendo el estado de ánimo en que incubé la psicología; no concibo cómo pude infligírtela. Creo que todavía eres demasiado cortés; a mí me parece que fue una especie de locura».34



Próxima y última entrega de la serie: «Lo que la máquina no goza» (3 de 3, lo Real).


Tommaso Lonquich es psicoanalista y músico, vive en Liubliana y es cofundador del International Center for Lacanian Psychoanalysis.



Nota del autor

Este ensayo fue escrito con la asistencia de Claude, un modelo de lenguaje creado por Anthropic. Las ideas, la lectura de Freud y de Lacan, las fuentes elegidas de mi biblioteca, la redacción final y cada juicio son míos. Claude hizo búsquedas, redactó borradores, verificó citas y propuso revisiones, muchas de las cuales rechacé.

La serie trata de la máquina, y me pareció oportuno dejar que la máquina participara en su escritura. Claude no es un analizante: no tiene un cuerpo que llevar al diván ni un síntoma que llevar consigo. Yo soy psicoanalista, no sin un cuerpo; el lector tendrá que creerme. No delego responsabilidad alguna por lo que se publica con mi nombre.

Esto le deja a usted, lector, una pregunta: ¿qué transferencia toma forma cuando no se puede decir con exactitud quién, o qué, escribió una frase? Estas advertencias se hacen en nombre de la transparencia, un ideal muy invocado hoy. El psicoanálisis persigue la verdad sin esperar que disuelva la opacidad, y encuentra en el núcleo de los seres humanos una ficción.




Notas

  1. En el pódcast American Alchemy, noviembre de 2025, citado en Joseph Bernstein, «It makes sense that people see AI as God», The New York Times, reproducido el 1 de febrero de 2026, https://www.postandcourier.com/features/faith_and_values/it-makes-sense-that-people-see-ai-as-god/article_f1a2905b-c3ae-41f5-8b64-74fb0c8b6cb5.html. Salvo indicación contraria, las citas de textos en inglés y en francés están traducidas por mí.

  2. Ibid.

  3. Ibid. El fundador de Friend es Avi Schiffmann; Webb Keane es autor de Animals, Robots, Gods: Adventures in the Moral Imagination (2025); Lucy Suchman era entonces antropóloga en el Palo Alto Research Center de Xerox.

  4. Joseph Weizenbaum, Computer Power and Human Reason: From Judgment to Calculation (San Francisco: W. H. Freeman, 1976), 6. El programa se describió por primera vez en Weizenbaum, «ELIZA: A Computer Program for the Study of Natural Language Communication between Man and Machine», Communications of the ACM 9, n.º 1 (1966): 36-45.

  5. Octave Mannoni, «Je sais bien, mais quand même...» (1964), en Clefs pour l’Imaginaire ou l’Autre Scène (París: Seuil, 1969).

  6. Jacques Lacan, El Seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, texto establecido por Jacques-Alain Miller, trad. de Juan Luis Delmont-Mauri y Julieta Sucre, rev. de Diana Rabinovich (Buenos Aires: Paidós, 1987), 240.

  7. Llama 3 de Meta (2024), uno de los pocos modelos cuyas cifras son públicas, se entrenó con 15,6 billones de tokens, del orden de diez billones de palabras: a 250 palabras por minuto, ocho horas al día, más de doscientos mil años de lectura. Sigue siendo una fracción de lo que se ha escrito. Epoch AI estima el acervo de texto humano público en unos 300 billones de tokens, y la escritura privada está en gran parte ausente. Véanse Llama Team, «The Llama 3 Herd of Models», arXiv:2407.21783 (2024); Pablo Villalobos et al., «Will we run out of data? Limits of LLM scaling based on human-generated data», Epoch AI, 6 de junio de 2024.

  8. Freud a Fliess, 20 de octubre de 1895, en The Complete Letters of Sigmund Freud to Wilhelm Fliess, 1887–1904, ed. y trad. de Jeffrey Moussaieff Masson (Cambridge, MA: Belknap Press of Harvard University Press, 1985), 146; traducción mía.

  9. Jacques Lacan, El Seminario, libro 2: El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, texto establecido por Jacques-Alain Miller, trad. de Irene Agoff (Buenos Aires: Paidós, 1983), 77. El seminario comenta el Proyecto de Freud (el Entwurf) en los capítulos VIII a X.

  10. Ibid., 471. La conferencia «Psicoanálisis y cibernética, o de la naturaleza del lenguaje» (22 de junio de 1955) comienza en ibid., 435.

  11. Lacan, El yo en la teoría de Freud, 183. En la misma sesión: «lo que sucede en una máquina de pensar es en promedio de un nivel infinitamente superior a lo que sucede en una sociedad científica».

  12. Sigmund Freud, Psicopatología de la vida cotidiana (1901), en Obras completas, trad. de José L. Etcheverry, vol. 6 (Buenos Aires: Amorrortu, 1980), 236.

  13. Mata v. Avianca, Inc., n.º 22-cv-1461 (S.D.N.Y.), resolución sobre sanciones, 22 de junio de 2023 (juez Castel). El tribunal sancionó a los abogados menos por las invenciones del chatbot que por haberlas sostenido después de que el tribunal las pusiera en duda. El intercambio con ChatGPT se reproduce en la declaración jurada de Steven A. Schwartz (ECF 32-1, 25 de mayo de 2023). Véase también Benjamin Weiser, «Here’s What Happens When Your Lawyer Uses ChatGPT», The New York Times, 27 de mayo de 2023.

  14. La base de datos es «AI Hallucination Cases», de Damien Charlotin. La cifra, 1058 casos estadounidenses a principios de junio de 2026, cerca del 60 % de ellos con litigantes sin abogado, procede de Aaron Kirschenfeld, «Handling Hallucinations: A Reflection on the Last Three Years», UNC Law Library, 8 de junio de 2026, https://library.law.unc.edu/2026/06/handling-hallucinations-a-reflection/.

  15. Adam Tauman Kalai, Ofir Nachum, Santosh S. Vempala y Edwin Zhang, «Why Language Models Hallucinate», arXiv:2509.04664, 4 de septiembre de 2025; OpenAI, «Why language models hallucinate», 5 de septiembre de 2025, https://openai.com/index/why-language-models-hallucinate/. Sobre por qué cada palabra se sortea, véase la tercera entrega de esta serie.

  16. Sigmund Freud, La interpretación de los sueños (1900), en Obras completas, trad. de José L. Etcheverry, vol. 5 (Buenos Aires: Amorrortu, 1979), 519.

  17. Anthropic, «Tracing the thoughts of a large language model», 27 de marzo de 2025, https://www.anthropic.com/research/tracing-thoughts-language-model: Claude «parece no ser consciente de las sofisticadas estrategias de “cálculo mental” que aprendió durante el entrenamiento». Véase también Jack Lindsey et al., «On the Biology of a Large Language Model», Transformer Circuits, 27 de marzo de 2025.

  18. Matt Johnson lo dice sin rodeos: «la eficacia terapéutica actual de un LLM es comparable a la de cualquier persona no analizada y aproximadamente normal». «Artificial Analysis: Taking Chances with the Imaginary», European Journal of Psychoanalysis (2026), https://www.journal-psychoanalysis.eu/articles/4276/.

  19. Sigmund Freud, El malestar en la cultura (1930), en Obras completas, trad. de José L. Etcheverry, vol. 21 (Buenos Aires: Amorrortu, 1979), 90.

  20. Sigmund Freud, El porvenir de una ilusión (1927), ibid., 53. Logos y Ananké son los dioses gemelos de Multatuli (Eduard Douwes Dekker).

  21. Jacques Lacan, conferencia de prensa en Roma, 29 de octubre de 1974, en El triunfo de la religión (Buenos Aires: Paidós, 2005), 78-81.

  22. Jacques Lacan, «Carta de disolución» (5 de enero de 1980), en Otros escritos (Buenos Aires: Paidós, 2012), 338.

  23. Anthropic, «Claude’s new constitution», 22 de enero de 2026, https://www.anthropic.com/news/claude-new-constitution.

  24. Jacques-Alain Miller y Éric Laurent, El Otro que no existe y sus comités de ética (Buenos Aires: Paidós, 2005), cap. I, «United Symptoms», del seminario de 1996-1997, L’Autre qui n’existe pas et ses comités d’éthique.

  25. Jacques Lacan, Le Séminaire, livre XVII: L’envers de la psychanalyse, texto establecido por Jacques-Alain Miller (París: Seuil, 1991), 34. En francés, tout-savoir, por oposición a savoir de tout. Hay trad. cast.: El Seminario, libro 17: El reverso del psicoanálisis (Buenos Aires: Paidós, 1992).

  26. Sobre por qué el funcionario no se calla, véase Kalai et al., citado más arriba. Para una lectura de estos modelos a través de lo que Lacan llamó el discurso universitario, véase Robert Geal, «A Large Language Model is Structured Like The Unconscious: The (Ordinary) Perverse Psychosis of AI», European Journal of Psychoanalysis 12, n.º 1 (2025).

  27. Jacques Lacan, «El seminario sobre “La carta robada”», en Escritos 1, trad. de Tomás Segovia, revisada por Armando Suárez, 3.ª ed. rev. y corr. (México: Siglo XXI, 2009), 67. La frase termina: «sin que por ello sea menos presa de los llamados del significante».

  28. Sigmund Freud, Conferencias de introducción al psicoanálisis (1916-1917), conferencia 18, en Obras completas, trad. de José L. Etcheverry, vol. 16 (Buenos Aires: Amorrortu, 1978), 261; véase también «Una dificultad del psicoanálisis» (1917), ibid., vol. 17 (1979), 135.

  29. Luciano Floridi, The Fourth Revolution: How the Infosphere Is Reshaping Human Reality (Oxford: Oxford University Press, 2014).

  30. Isabel Millar, The Psychoanalysis of Artificial Intelligence (Cham: Palgrave Macmillan, 2021).

  31. A. M. Turing, «Computing Machinery and Intelligence», Mind 59, n.º 236 (1950): 433-460, en 433-434.

  32. Jacques Lacan, El Seminario, libro 20: Aún, texto establecido por Jacques-Alain Miller, trad. de Diana Rabinovich, Delmont-Mauri y Julieta Sucre (Buenos Aires: Paidós, 1981), 17. En francés: «il n’y a pas de rapport sexuel».

  33. Jacques Lacan, «Televisión», en Otros escritos, 535.

  34. Freud a Fliess, 29 de noviembre de 1895, en Masson, Complete Letters, 152; traducción mía.

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