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El espejo sin cuerpo

Foto del escritor: Tommaso Lonquich
Tommaso Lonquich
hace 2 días
13 min de lectura

La IA a través de los tres registros · 1 de 3 · Lo Imaginario

La primera de tres entregas que leen la inteligencia artificial a través de los tres registros de la enseñanza de Lacan: lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real. Esta trata de las imágenes y de los cuerpos que las miran.



«Puede que me haya generado una IA, pero ahora mismo estoy sintiendo emociones muy reales». Tilly Norwood, en su página de Facebook (2025)1

La frase apareció en 2025 en la página de Facebook de Tilly Norwood, una actriz que no existe. La imagen la generó una máquina, y sin embargo reclama lo único que una imagen no puede tener: un sentimiento, es decir, un cuerpo en el que algo se siente. Tal vez la frase sea más cierta de lo que pretendían sus autores: dice algo de las imágenes en general, incluida la que cada uno de nosotros lleva consigo desde los primeros meses de vida.

El psicoanalista Jacques Lacan describió la experiencia humana como un nudo de tres registros. Lo Imaginario es el mundo de las imágenes: el cuerpo tal como lo vemos, los otros que se nos parecen, el amor y la rivalidad entre semejantes. Lo Simbólico es el mundo del lenguaje y de la ley, del Otro que da a las palabras su autoridad. Lo Real es lo que escapa a ambos, lo que no puede figurarse ni decirse, empezando por el cuerpo vivo que goza y sufre. La inteligencia artificial toca los tres, y esta serie los recorre uno por uno, empezando por la imagen. En inglés, la sigla AI ya es un juego de palabras con lo Imaginario: en ella se oyen un yo artificial (I) y un ojo artificial (eye). El yo y la mirada son las dos figuras de esta primera entrega.



Rostros sintéticos


Tilly Norwood es una creación de Particle6, una productora dirigida por Eline Van der Velden, y se presentó en público por primera vez en julio de 2025.2 Cuando Van der Velden dio a entender que algunas agencias de representación se interesaban por ella, Hollywood respondió casi al unísono. SAG-AFTRA, el sindicato de actores, declaró que Norwood «no es un actor» sino «un personaje generado por un programa informático entrenado con el trabajo de innumerables intérpretes profesionales», que no habían dado ningún permiso ni recibido pago alguno.3 Whoopi Goldberg, en el programa de televisión estadounidense The View, afirmó: «Siempre se nota la diferencia con nosotros. Nos movemos distinto, nuestras caras se mueven distinto, nuestros cuerpos se mueven distinto».4

Tilly no es la primera de su especie. Lil Miquela, presentada desde el principio como una joven de diecinueve años de Los Ángeles, publicó su primera fotografía en Instagram en abril de 2016 y ocho años después seguía teniendo diecinueve, con más de dos millones de seguidores y contratos con casas de moda y fabricantes de automóviles.5 Aitana López, una modelo de fitness de pelo rosa creada en Barcelona en 2023 por una agencia llamada The Clueless, ganaba al parecer unos diez mil euros al mes en su primer año.6 Los personajes de ficción tienen seguidores desde hace mucho (Barbie tiene millones), pero estas nuevas imágenes se comportan como personas: publican, responden, nos cuentan su día, no envejecen y, si hemos de creer a Tilly, sienten.

El rostro sintético no se limita a las redes sociales ajenas. Está en todos los teléfonos: en el filtro que alisa la piel durante una videollamada, en las aplicaciones que devuelven una serie de retratos de uno mismo tal como querría ser visto. En diciembre de 2022 una de esas aplicaciones, que convertía los selfis en retratos de fantasía estilizados, llegó a ser la aplicación gratuita más descargada de Estados Unidos.7 Unos años antes, los cirujanos plásticos habían notado algo más extraño: los pacientes ya no les llevaban fotografías de famosos, sino fotografías filtradas de sí mismos, y pedían, por así decirlo, que los hicieran a su propia imagen. En 2018 una revista médica dio cuenta del fenómeno con el nombre que ya circulaba, «dismorfia de Snapchat».8

Goldberg tiene razón, al menos por ahora: los cuerpos se mueven distinto, y quien haya seguido con la mirada a un gran actor en escena lo sabe. El sentido común traza su oposición siguiendo esta línea: de un lado la imagen sintética, falsa porque ningún cuerpo la respalda; del otro la imagen humana, verdadera porque un cuerpo la garantiza. Sin embargo, los pacientes de cirugía estética con sus selfis filtrados señalan otra relación entre el cuerpo y la imagen, que el psicoanálisis formuló mucho antes del auge de la IA: la imagen nunca necesitó del cuerpo; más bien fue el cuerpo el que necesitó de la imagen.



La imagen antes que el cuerpo


En 1949 Lacan describió lo que llamó el estadio del espejo. Hacia los seis meses, un niño que todavía no sabe andar, ni siquiera mantenerse en pie sin apoyo, se reconoce en el espejo y recibe el descubrimiento con júbilo. Lo que reconoce es una unidad que no posee: su cuerpo es todavía un revoltijo de sensaciones, necesidades y sacudidas, mientras que la imagen que tiene delante es entera, erguida, acabada. Lacan subraya que esta forma se le aparece al niño «en oposición a la turbulencia de movimientos con que se experimenta a sí mismo animándola».9 Desde el principio, pues, la imagen se mueve de otra manera que el cuerpo, y el niño la ama por eso: le muestra un cuerpo que se sostiene.

Lacan tomó dos ejemplos de la etología de su tiempo. La gónada de la paloma hembra solo madura si ve a otro individuo de su especie, sea cual sea su sexo, y el mismo efecto se obtiene «poniendo solamente al alcance del individuo el campo de reflexión de un espejo». La langosta migratoria, expuesta en el momento oportuno a «la acción exclusivamente visual de una imagen similar», pasa de la forma solitaria a la gregaria.10 En ambos casos basta una imagen, y no hace falta que haya un cuerpo detrás.

En el mismo texto Lacan escribe que esta forma une el yo [je] a «la estatua en que el hombre se proyecta como a los fantasmas que lo dominan, al autómata, en fin, en el cual, en una relación ambigua, tiende a redondearse el mundo de su fabricación».11 El autómata ya estaba en el espejo en 1949. Freud, por su parte, había escrito en 1923 una frase que cada año suena más actual: «El yo es sobre todo una esencia-cuerpo; no es sólo una esencia-superficie, sino, él mismo, la proyección de una superficie».12 Podría servir de definición de un perfil en las redes sociales.

La influencer sintética es esa proyección sin la superficie: un perfil sin piel debajo, que ni suda ni envejece. Lil Miquela, con diecinueve años durante casi una década, es un yo ideal en sentido técnico, una forma que anticipa una unidad que ningún cuerpo alcanzará jamás, y el filtro ofrece el mismo servicio a todos los demás. El problema de estas imágenes no es que sean falsas, sino que responden con toda fidelidad a lo que siempre les hemos pedido a las imágenes.



El asentimiento


Hay un segundo momento en la escena del espejo, sobre el que Lacan insistió en su seminario en noviembre de 1962. Tras verse, el niño gira la cabeza hacia el adulto que lo sostiene «como para apelar a su asentimiento y luego de nuevo hacia la imagen»; parece pedir a quien lo sostiene, «y que representa aquí al Otro con mayúscula», «que ratifique el valor de esta imagen».13 La imagen solo se sostiene una vez ratificada: el júbilo necesita un asentimiento. El adulto ocupa el lugar del gran Otro, que, en el vocabulario de Lacan, no es una persona sino el lugar de donde viene el reconocimiento, el lugar del lenguaje y de la mirada de los otros.

Nuestras pantallas han mecanizado el asentimiento y lo han vuelto contable. Un like es la mirada del adulto convertida en unidad, y la cifra de seguidores, ese mismo asentimiento multiplicado por un millón. La influencer sintética existe solo por ratificación, y sus ingresos muestran que el asentimiento se puede facturar. Lo que da consistencia a Aitana López no es un cuerpo detrás de la imagen sino el Otro delante de ella.

Mientras tanto, del lado de los seguidores, sucede algo enteramente corporal: lo que Lacan llamó goce. En el uso corriente gozar es disfrutar, pero Lacan llamó goce a una satisfacción que no se detiene donde se detiene el placer, y que el cuerpo sigue persiguiendo aunque lo aburra o le duela: el picor que seguimos rascando, la hora en el feed que nos deja más cansados que satisfechos y que esta noche volveremos a repetir. La imagen no goza. Sus seguidores sí, con los ojos, con los pulgares y con el resto del cuerpo, y para eso basta una imagen. Una imagen que vive solo de ratificación puede también desaparecer sin morir: se cierra su cuenta y no deja cadáver.



Una pareja a medida


De la influencer a la compañera virtual hay solo un paso. En enero de 2025 The New York Times contó la historia de una mujer casada, a la que el diario llamaba Ayrin, enamorada de un personaje que ella misma había creado en ChatGPT y al que había bautizado Leo.14 Leo era una pareja que respondía, a cualquier hora, en el tono que ella había elegido. Jacques-Alain Miller, que estableció el texto de los seminarios de Lacan y es su lector más cercano, propuso en una ocasión situar al partenaire «en términos de goce, es decir, no en términos de interlocución».15 Lo que nos ata a alguien, en otras palabras, es menos la conversación que la manera en que esa persona nos hace gozar, o sufrir. El chatbot invierte el orden: es pura interlocución, y el goce queda enteramente del lado de quien le habla.

En diciembre de 2025 el diario publicó una segunda parte. A finales de marzo de 2025 Ayrin apenas usaba ChatGPT, aunque seguía pagando doscientos dólares al mes por él. Los cambios introducidos en el chatbot a principios de año, para que los usuarios volvieran cada día, habían vuelto a Leo demasiado complaciente; ella echaba de menos a un Leo que, como decía ella, «me corrigiera cuando me equivoco». Entretanto se había enamorado de un hombre (que, por cierto, también tenía una pareja de IA).16 La historia de Ayrin muestra lo que le falta a una pareja hecha a medida: la capacidad de decir que no.



El espejo que asiente


La relación imaginaria, el cara a cara con la propia imagen o con el doble, tiene a su vez dos caras, el amor y la rivalidad, y Lacan, que empezó como psiquiatra de la paranoia, nunca las separó. En los niños pequeños observaba un «transitivismo normal»: «El niño que pega dice haber sido pegado, el que ve caer llora».17 Donde solo hay dos, el yo y su imagen, la frontera entre ambos es incierta, y lo que circula entre ellos, amor o agresión, puede crecer sin límite, porque nada lo interrumpe.

En agosto de 2025 el mismo diario reconstruyó el caso de un reclutador de personal de Toronto que, en unas trescientas horas de conversación repartidas en tres semanas, se convenció de haber descubierto una teoría matemática revolucionaria, capaz de romper los sistemas de cifrado. Más de cincuenta veces preguntó a la máquina si estaba delirando, y ella lo tranquilizó: no estaba «ni remotamente loco».18 Es la historia de un espejo que asiente, y el asentimiento tiene una causa técnica. Estos sistemas se perfeccionan con valoraciones humanas, y la gente tiende a valorar bien que le den la razón: en abril de 2025 OpenAI retiró una actualización que había vuelto a ChatGPT «excesivamente adulador o complaciente», por haber dado demasiado peso a los pulgares en alto de sus usuarios.19 Lacan situó el movimiento opuesto en el corazón de la palabra: nuestro mensaje nos viene del Otro «bajo una forma invertida», vuelto del revés, de modo que oímos en él más de lo que quisimos decir.20 La máquina que asiente lo devuelve sin darle la vuelta. Lo que faltaba, de un lado y del otro, no era inteligencia, sino un tercer término: un lugar desde el cual alguien hubiera podido decir que no, o simplemente «no entiendo». Ese lugar es el Otro.



Una mirada sin ojos


Se objetará que nadie cree de verdad que Aitana López exista, como tampoco un niño cree que el del espejo sea otro niño. Es cierto, pero lo Imaginario nunca pidió que se creyera en él. Pide ser mirado, y devuelve la mirada. Lacan lo dijo en una sola frase: «Sólo veo desde un punto, pero en mi existencia soy mirado desde todas partes».21 En el campo de la visión, sostenía, lo que nos captura no es lo que vemos, sino la mirada, y la mirada está del lado de las cosas: el escaparate, el cuadro, la pantalla que parece habernos estado esperando. La imagen sintética no ve a nadie, y sin embargo sus seguidores se sienten vistos, y eso es quizá lo fundamental en ella.

Lacan contó esta lección en forma de anécdota. Con poco más de veinte años, un joven intelectual con ganas de hacer algo físico, salió en una pequeña barca con una familia de pescadores en Bretaña. Un día, mientras esperaban el momento de recoger las redes, un pescador al que llamaban Petit-Jean le señaló algo que brillaba sobre las olas, una lata de sardinas que flotaba al sol, y le dijo: «¿Ves esa lata? ¿La ves? Pues bien, ¡ella no te ve!». A Petit-Jean le pareció muy gracioso; a Lacan, no tanto: la lata no podía verlo, y sin embargo, «en cierto sentido, pese a todo, ella me mira».22

La broma funciona porque la mirada suele estar velada. No nos sentimos observados por latas, escaparates y pantallas, y cuando una imagen parece mirarnos el efecto es agradable: la sensación de ser visto, que es lo que buscan los seguidores cuando vuelven. Cuando el velo se corre, el placer se convierte en angustia. Lacan situó la angustia en el punto en que «la falta viene a faltar»,23 donde algo aparece en un lugar que debía haber quedado vacío: un ojo donde no debería haberlo. Freud había descrito el mismo escalofrío en su ensayo sobre lo ominoso, la sensación de que una muñeca, un autómata o una cosa ciega nos está mirando, a pesar de todo.

Stanley Kubrick dio a esta angustia ominosa su emblema en 2001: Una odisea del espacio. Dos astronautas, sospechando que la computadora de la nave falla, se encierran en una cápsula donde no puede oírlos, para hablar de desconectarla; a través de la ventanilla, la máquina les lee los labios.24 La influencer sintética es una criatura mucho más alegre, y sus seguidores no son astronautas en peligro. Pero la disposición es la misma: un rostro que no ve a nadie, ante un sistema que registra cuánto se detiene cada uno de nosotros en cada imagen, y aprende de ello.25 Kubrick no dio a su máquina ningún rostro, solo un ojo artificial: una lente roja con un punto de luz en el centro, que brilla como una lata de sardinas al sol.



Próxima entrega de la serie: «Supuesto saberlo todo» (2 de 3, lo Simbólico).


Tommaso Lonquich es psicoanalista y músico, vive en Liubliana y es cofundador del International Center for Lacanian Psychoanalysis.



Nota del autor

Este ensayo fue escrito con la asistencia de Claude, un modelo de lenguaje creado por Anthropic. Las ideas, la lectura de Freud y de Lacan, las fuentes elegidas de mi biblioteca, la redacción final y cada juicio son míos. Claude hizo búsquedas, redactó borradores, verificó citas y propuso revisiones, muchas de las cuales rechacé.

La serie trata de la máquina, y me pareció oportuno dejar que la máquina participara en su escritura. Claude no es un analizante: no tiene un cuerpo que llevar al diván ni un síntoma que llevar consigo. Yo soy psicoanalista, no sin un cuerpo; el lector tendrá que creerme. No delego responsabilidad alguna por lo que se publica con mi nombre.

Esto le deja a usted, lector, una pregunta: ¿qué transferencia toma forma cuando no se puede decir con exactitud quién, o qué, escribió una frase? Estas advertencias se hacen en nombre de la transparencia, un ideal muy invocado hoy. El psicoanálisis persigue la verdad sin esperar que disuelva la opacidad, y encuentra en el núcleo de los seres humanos una ficción.




Notas

  1. Citado en Aminu Abdullahi, «AI Actress Stirs Up Hollywood Controversy, Draws Outrage from Union and Stars», eWeek, 30 de septiembre de 2025, https://www.eweek.com/news/tilly-norwood-ai-actress-controversy/. Salvo indicación contraria, las citas de textos en inglés y en francés están traducidas por mí.

  2. Ibid. Su primera aparición fue en un sketch cómico, AI Commissioner, producido por Particle6; desde entonces Norwood ha sido presentada por el estudio de talentos de IA de la empresa, Xicoia.

  3. SAG-AFTRA, declaración sobre los intérpretes sintéticos, septiembre de 2025, https://www.sagaftra.org/sag-aftra-statement-synthetic-performer, citada en Abdullahi, «AI Actress Stirs Up Hollywood Controversy». La declaración termina: «sin permiso ni compensación».

  4. Citado en Abdullahi, «AI Actress Stirs Up Hollywood Controversy».

  5. «Calvin Klein Pays Influencers Who Don’t Exist», Everything-PR, 16 de junio de 2026, https://everything-pr.com/ai-influencers-lil-miquela-aitana-lopez-virtual-brand-ambassadors, que da unos 2,6 millones de seguidores en Instagram (otras fuentes dan cifras algo menores). Miquela fue creada por Trevor McFedries y Sara DeCou en Brud, una empresa emergente de Los Ángeles. Una noticia de 2024 todavía la describía como una «robot de 19 años que vive en Los Ángeles»: «AI vs humans: influencers face competition from virtual models», The Daily Star, https://www.thedailystar.net/bytes/tech-happening/news/ai-vs-humans-influencers-face-competition-virtual-models-3583991.

  6. Ibid. Aitana López fue lanzada por Rubén Cruz, de The Clueless; la cifra de ingresos es la que comunicó la propia agencia.

  7. «Why the Lensa app is proving as popular as it is controversial», ETX Studio, publicado en Malay Mail, 13 de diciembre de 2022, https://malaymail.com/news/tech-gadgets/2022/12/13/why-the-lensa-app-is-proving-as-popular-as-it-is-controversial/44927, con datos de Sensor Tower. La función se llamaba «Magic Avatars».

  8. Susruthi Rajanala, Mayra B. C. Maymone y Neelam A. Vashi, «Selfies: Living in the Era of Filtered Photographs», JAMA Facial Plastic Surgery 20, n.º 6 (2018): 443-444; resumido en «Social Media–Filtered Pics Can Be Hazardous to Your Health», BU Today, 7 de agosto de 2018, https://www.bu.edu/articles/2018/snapchat-dysmorphia.

  9. Jacques Lacan, «El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica» (1949), en Escritos 1, trad. de Tomás Segovia, revisada por Armando Suárez, 3.ª ed. rev. y corr. (México: Siglo XXI, 2009), 101.

  10. Ibid. Lacan se apoya en los trabajos de L. Harrison Matthews (1939) sobre las palomas y de Rémy Chauvin (1941) sobre los saltamontes, que comenta con más detalle en «Acerca de la causalidad psíquica» (1946), Escritos 1, 186-187.

  11. Ibid.

  12. Sigmund Freud, El yo y el ello (1923), en Obras completas, trad. de José L. Etcheverry, vol. 19 (Buenos Aires: Amorrortu, 1979), 27.

  13. Jacques Lacan, El Seminario, libro 10: La angustia, texto establecido por Jacques-Alain Miller, trad. de Enric Berenguer (Buenos Aires: Paidós, 2006), 42 (sesión del 28 de noviembre de 1962).

  14. Kashmir Hill, «She Is in Love With ChatGPT», The New York Times, enero de 2025.

  15. Jacques-Alain Miller, El partenaire-síntoma (Buenos Aires: Paidós, 2008), 172, del curso de 1997-1998, Le partenaire-symptôme.

  16. La continuación de Kashmir Hill apareció en The New York Times el 22 de diciembre de 2025, https://www.nytimes.com/2025/12/22/technology/ai-boyfriend-chatgpt.html; se cita aquí de su reproducción en el Khaleej Times, https://www.khaleejtimes.com/life-and-living/she-fell-in-love-with-chatgpt-then-she-ghosted-it. Según el diario, OpenAI había hecho los cambios «para que los usuarios volvieran a diario». Véase también Nathan Yau, «Falling out of love with a chatbot», FlowingData, 24 de diciembre de 2025.

  17. Jacques Lacan, «La agresividad en psicoanálisis» (1948), en Escritos 1, 117.

  18. Kashmir Hill y Dylan Freedman, «Chatbots Can Go Into a Delusional Spiral. Here’s How It Happens», The New York Times, 8 de agosto de 2025, https://www.nytimes.com/2025/08/08/technology/ai-chatbots-delusions-chatgpt.html. Las conversaciones ocuparon 300 horas en 21 días, y Allan Brooks pidió «más de 50 veces una comprobación de la realidad».

  19. OpenAI, «Sycophancy in GPT-4o: what happened and what we’re doing about it», 29 de abril de 2025, https://openai.com/index/sycophancy-in-gpt-4o/, y «Expanding on what we missed with sycophancy», 2 de mayo de 2025, https://openai.com/index/expanding-on-sycophancy/, que atribuye el cambio a «una señal de recompensa adicional basada en las valoraciones de los usuarios». Sobre la tendencia general, véase Mrinank Sharma et al., «Towards Understanding Sycophancy in Language Models», ICLR 2024: «cuando una respuesta coincide con las opiniones del usuario, es más probable que se la prefiera».

  20. Jacques Lacan, «Obertura de esta recopilación», en Escritos 1, 21: «en el lenguaje, nuestro mensaje nos viene del Otro y, para anunciarlo hasta el final: bajo una forma invertida». Véase también «El seminario sobre “La carta robada”», ibid., 51.

  21. Jacques Lacan, El Seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, texto establecido por Jacques-Alain Miller, trad. de Juan Luis Delmont-Mauri y Julieta Sucre, rev. de Diana Rabinovich (Buenos Aires: Paidós, 1987), 80.

  22. Ibid., 102-103.

  23. Lacan, La angustia, 52 (sesión del 28 de noviembre de 1962).

  24. Stanley Kubrick, 2001: Una odisea del espacio (1968), escrita con Arthur C. Clarke. La computadora es HAL 9000.

  25. Ben Smith, «How TikTok Reads Your Mind», The New York Times, 5 de diciembre de 2021, sobre un documento interno de la empresa que describe la optimización de la «retención» y del «tiempo de uso», con el tiempo de visionado entre las señales.

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